domingo, 12 de agosto de 2012



UNA SALIDA A LA TRAGEDIA COLOMBIANA

http://www.revistaarcadia.com/impresa/libros/articulo/la-tragedia-griega-contemporanea/

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Locombiano

Semana recoge con acierto una entrevista de Camilo Jiménez Santofimio publicado en la Revista Arcadia* sobre el libro La tragedia griega contemporánea, primera parte de la trilogía “Con el agua al cuello” de Petros Márkaris, “el más admirado escritor griego de hoy”.

Dentro del análisis que realiza Márkaris en la entrevista expresa que el problema de Grecia en esta coyuntura no podría resolverse encerrándola en la palabra crisis, tan manoseada y que pretende escudarnos de dar explicaciones. Por eso hay que ir hacia adelante y “obligarnos a entender qué nos pasa”.

Parece que teníamos muy claro que cada Estado o país en el primer mundo tenía una identidad, con territorio y fronteras, con una lengua, unas tradiciones, una cultura propia. Que México, Venezuela, Argentina o Paraguay tenían orgullo de su bandera, sus indígenas, su patrimonio cultural. Y que Colombia era más latina, más informal, más laxa a la hora de asignarse una identidad.

¿De dónde venimos, quienes son nuestros antepasados, cuáles eran los rasgos distintivos de la cultura que nos dio origen? Dentro de los límites que hoy demarcan nuestro mapa nacional, ¿cuántos pueblos indígenas habitaban, qué lenguas hablaban, cuáles eran sus costumbres diarias, cuáles sus creencias y pertenencias, sus valores? Y de ese cuadro antropológico, que no se puede negar,  ¿qué nos queda, cuál es la herencia que nos legaron? O, como una respuesta hipotética, ¿fue que nunca la recibimos o soberana y tácitamente decidimos voltear la espalda y hacer de cuenta que ese pasado del que da cuenta la historia, no existió?

Entonces, ¿fue que rompimos la realidad y empezamos a contar nuestra historia a partir de la llegada de Colón con sus cédulas reales y sus vestidos cortesanos y echamos al olvido la vida y la cultura que existía en nuestro territorio? ¿Preferimos despojarnos de nuestras armas, el amor por la Naturaleza, los valores de la familia y su respeto, por el esquema de gobierno y sus problemas que venían del primer mundo?

Sin embargo, todavía subsisten hoy rasgos claros de la cultura milenaria que habitaba el suelo que se llama Colombia ante las demás naciones del mundo. Casi que no han sido tocadas las regiones que dominaban en el pasado. El Caribe arriba, desde Sucre hasta Guajira con los arhuacos y wayuús, el Catatumbo o los motilones y guanes en los Santanderes, la región central, hasta el gran Tolima con los chibchas, muiscas y paeces, la Orinoquia en Caquetá, Guaviare, Guainía, Vichada, Amazonas y la suroccidental con Putumayo, Nariño, Cauca, Valle y Chocó con los guahibos, coreguajes, catíos, emberas.

Colombia no está en crisis sociológica, como dicen que está la Eurozona a causa de la economía. Márkaris se niega a aceptar que se denomine crisis a un conjunto de factores que atraviesan a una sociedad. Hay crisis cuando se piensa, se analiza, se hacen esfuerzos por dar salidas razonables a un problema que tiene varias aristas. Pero aquí las aristas cada vez se pronuncian más y no hay voluntad política de sanear cuestiones que se muestran de cuerpo entero.

La corrupción en todos los niveles, la permeabilización del narcotráfico en la economía, la poca acción del gobierno en los desastres, en las tercerías del trabajo, el despoblamiento de los campos y el consiguiente desplazamiento forzado, la tala de bosques legalizada, la mirada connivente ante el despojo de tierras en la minería, el despojo de las cotizaciones de salud por las EPS, el nulo porvenir de las pensiones en el país, la incertidumbre de la justicia, - por nombrar algunos puntos álgidos -, hacen parte de nuestra tragedia nacional.

10-08-12                                           11:20 a.m.

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