viernes, 17 de agosto de 2012

LAGRIMAS MILITARES


Reinel Gutiérrez

Varios episodios de carácter curioso les ha ocurrido a las fuerzas militares, y tal vez la opinión pública no ha borrado de su mente las imágenes del uniformado que lloró de rabia cuando los indígenas lo empujaron en zona rural de Toribío.

Pero este es un hecho que como tantos otros, sucede, impacta, pero luego otros acontecimientos en la vida cotidiana, lo hacen desaparecer de la memoria.

Después el presidente de la República se reúne con los indígenas, y en el encuentro, las comunidades denuncian que los uniformados cometen atropellos contra los nativos, lo cual se comprueba cuando el jefe del Estado y los altos mandos presentan excusas por lo acontecido.

Si los hechos comentados por los nativos no fueran ciertos, entonces no habría de que disculparse como lo hizo el gobierno.

Lo que hay que preguntarse es ¿será suficiente la aparición de los generales con mano en el corazón pidiendo perdón, para superar favorablemente las faltas cometidas? ¿Con escenas así, las mujeres que fueron abusadas podrán recobrar su autoestima, recuperar su dignidad, y mejorar su condición emocional vulnerada? Esto da pie para que el soldado vuelva a hacerlo, porque sabe que con el perdón que en público pida "mi general", se borra todo.

El perdón es una actitud sana que recomienda el cura desde el altar, el pastor en su negocio particular, los sicólogos en sus consultorios, los consejeros, los novios, los esposos, y los amigos, como una manera de tranquilizar la conciencia.

Lo que no se sabe es, el alcance que pueda tener el perdón castrense en situaciones como las aludidas.

Este análisis se hace en el buen sentido de la palabra y la convivencia, y nunca para provocar señalamientos. Hay que buscar la fórmula efectiva, humana e inteligente para que los colombianos puedan algún día vivir como hermanos que se respetan y se quieren.

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