domingo, 12 de agosto de 2012

Divergencias políticas…


CARLOS E. CAÑAR SARRIA
carlosecanar@hotmail.com

Se pretende hacer sentir trágicas para el país, las divergencias entre el ex presidente Uribe y el presidente Santos. Algunos piensan que la polarización podría dar lugar a una guerra civil y que Colombia no podría descollar con éxito, de continuar este enfrentamiento. De ahí el desespero de algunos por buscar formas de reconciliación entre estos dos personajes, cada vez más distanciados, simplemente porque son dos personas diferentes. Así de sencillo. Uribe es Uribe y Santos es Santos.

Lo cierto es que todo gobernante pretende una impronta propia a su obra de gobierno, su propio sello. Ejemplo de esto son los planes de desarrollo. Ello no significa desconocer los méritos de sus antecesores y más aún cuando se trata de políticas públicas de fuerte impacto social. Continuar implementándolas y fortificándolas es lo más conveniente. No hacerlo sería sobreponer los caprichos de quienes detentan el poder sobre los intereses nacionales.

La naturaleza de la política impide que los gobernantes de turno tengan que estar consultando toda acción y decisión a sus antecesores en búsqueda de su aprobación. Consultar no tiene nada de malo y en algunas ocasiones es conveniente. La experiencia de los antecesores puede dar luces a los gobernantes de turno, sobre todo en momentos difíciles.

Nuestra historia republicana no ha sido otra que la de las divergencias entre los diferentes partidos, sectores políticos y movimientos sociales. El siglo XIX fue una época de divisiones intestinas entre liberales y conservadores. Odios heredados entre estos dos sectores políticos, que vinieron a superase a mediados del siglo XX con el Frente Nacional, que si bien fue provechoso porque mitigó la guerra de los actores en pugna, resultó inconcebible en cuanto una verdadera cultura democrática, toda vez que marginó a los demás partidos y movimientos políticos con opciones de poder. En este sentido se dice que el bipartidismo hizo mucho daño a nuestra insipiente democracia.

En un país como el nuestro, pluriétnico y multicultural, son válidos los diferentes imaginarios, los diferentes intereses, las diferentes expectativas que la gente tiene sobre el país que se desea. Esto es normal y el manejo racional de los conflictos puede generar acuerdos sobre lo fundamental. Para poder vivir en paz se requiere de la voluntad política de las partes y las partes somos todos, pues no se puede circunscribir la violencia al conflicto guerrilla-Estado. Son muchos los actores y escenarios de violencia que hay que tratarlos si pretendemos contribuir en una cultura de la paz.

El monopartidismo resulta inconveniente en todas partes, más aún donde se deben dar procesos democratizadores de la sociedad.

“El pluralismo, las diferentes concepciones sobre el régimen y sistema político; sobre el modelo económico y la distribución de los bienes materiales, sobre la sociedad que se conciba o se pretenda; los variados criterios en la concepción e interpretación de los hechos; sobre los partidos y las distintas opciones políticas, sobre las propuestas diferentes en la resolución o tramitación de conflictos y diferencias; el papel de la oposición para evitar el unanimismo; las discusiones y los acuerdos consensuados, son necesarios en toda democracia que se respete”. 

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