viernes, 27 de julio de 2012

Cauca: la carta para el diálogo


Marco Antonio Valencia Calle

Como una comedia de libreto maniqueo el conflicto en el Cauca confrontó al Estado frente a su realidad, y repartió al papel de bufones a políticos y periodistas puestos a improvisar incoherencias, al tiempo que sirvió para darnos cuenta que nuestra Carta Magna tiene más pinta de obra literaria que de realidad.

A tanta improvisación hay que recordarle a nuestros protagonistas de novela, lo fundamental: La Constitución Nacional es el libreto clave para gobernar y dirimir los conflictos que nos agobian.

No es necesario tener dotes de líder para gobernar, o tirar los naipes al azar para lograr reivindicaciones. Líderes y gobernantes deben conocer la Constitución y las leyes, y desde esos principios, hilar finito para lograr resultados positivos en las aspiraciones de sus gobernados.

Dice la Constitución que todos los colombianos tenemos derecho a la vida con dignidad, agua, salud, educación, vivienda, vías y seguridad entre muchas otras cosas que el Estado ha prometido llevarle a los indígenas para calmar sus reclamos. Cuenta de cobro que la historia les pasa a los políticos (mestizos e indígenas) que han gobernado esta región, por dormidos, ineficientes e inferiores frente a sus responsabilidades del bienestar común.

Dice la Constitución que somos Estado con territorio definido que reconoce lo largo de su geografía diversidad de culturas y razas; y por lo tanto, todos los ciudadanos “deberíamos tener” los mismos derechos y obligaciones frente al Estado. Es decir, que por ser indígenas o negros, no debiéramos recibir mejores o peores privilegios. Pero que, frente a la imperfección del Estado que hoy brinda prerrogativas a indios y negros para preservarlos y pagar confusas deudas históricas (que en mi criterio son micos que fracturan el derecho a la igualdad) se debe actuar como debe ser: apegados a la ley.

Gobernar de manera coherente obliga a respetar la Constitución en todas sus dimensiones. Por ello el gobierno nacional no debe volver con promesas falsas para esta región, que se muere de hambre y que se cansó de la violencia generada por bandidos que nacieron y crecieron por la desatención del Estado.

Los indígenas, por su parte, deben entender que si bien es cierto les faltan mejores condiciones de vida; ya tienen privilegios innegables, y que la magnanimidad del Estado, no puede estar por encima de la Constitución que los cobija como colombianos.

Marco Antonio Valencia Calle
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