domingo, 16 de septiembre de 2012

¿QUÉ HACER PARA AMAR MÁS A NUESTRO HERMANO?


Por Pbro. Edwar Andrade
Párroco Iglesia Stma. Trinidad Santander de Quilichao, Cauca

“Y por encima de todo esto, revestíos del amor, que es el vínculo de la perfección” (Colosenses 3, 14).


Para amar a nuestro hermano debemos:

Acoger: Es decir, que toda persona que se acerque a nosotros, la recibamos con cariño, amabilidad y una sonrisa. “Por tanto, acogeos mutuamente como os acogió Cristo para gloria de Dios” (Romanos 15, 7).

Perdonar: las injurias, ofensas y faltas de atención del hermano. Para perdonar debemos aprender a amar: “Dios los ama a ustedes y los ha escogido para que pertenezcan a su pueblo. Vivan, pues, revestidos de verdadera compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia” (Colosenses 3, 12). Es por el amor que seremos juzgados, Mateo 7, 21 – 23; Mateo 25, 35; en Gálatas 5, 22 se nos aclara que el fruto del Espíritu es el amor. En Primera de Corintios 13, 4-8 observamos las características del verdadero amor, que Dios tiene por nosotros y del amor que quiere que nos tengamos unos a otros. Una forma de evaluar nuestra manera de amar y ver en qué fallamos es personalizar estos versículos; por ejemplo, la Biblia dice “El amor es paciente”, debemos decir: “Yo Juan soy paciente”. No busquemos, como dice San Francisco, ser comprendidos sino comprender, ser amados sino amar, porque dando es como recibimos y perdonando es como el Señor nos perdona. El amor es la esencia de Dios. El amor nunca pasará y permanecemos en el amor si amamos a nuestros hermanos.


Dar: La verdad sobre el hombre es una sola: hacerse don a semejanza del Maestro; vivir no para sí sino para los hermanos, cargando con el peso unos de los otros y viviendo concretamente su amor. Darnos a los demás con todo nuestro tiempo, dones, carismas y todo lo que el Señor nos da (Hechos 3, 1-8). Es el Señor quien nos enseña a dar, no lo que pensamos, sino lo que nuestros hermanos necesitan. Pidámosle al Señor que nos quite las inhibiciones y que sepamos darnos en amor, con muestras de afecto, hasta la vida misma “de qué sirve, hermanos míos, que alguien diga: Yo tengo fe, si no tiene obras? Si un hermano o una hermana están desnudos y carece del sustento diario, y alguno de vosotros le dice: idos en paz, calentaos y hartaos, pero no les dais lo necesario para el cuerpo ¿De qué sirve? Así también la fe, si no tiene obras está realmente muerta” (Santiago 2, 14-17), así nuestra comunidad será fraterna, cálida, de manera que puedan decir: “Miren como se aman” (Juan 13, 34). Debemos amar no sólo a quienes nos aman, sino también a nuestros enemigos. Es importante saber que antes de hablar de Dios a nuestros hermanos, tenemos que hablar a Dios de nuestros hermanos. Que el testimonio en nuestra comunidad sea nuestra paciencia, perdón, alegría y actitud cristiana, es decir una actitud de amor hacia nuestros hermanos.

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