domingo, 1 de julio de 2012

Depuración del Congreso



CARLOS E. CAÑAR SARRIA

No fueron convincentes los congresistas en las sesiones extraordinarias de Senado y Cámara. Se limitaron a lavarse las manos y a evadir responsabilidades. Con distractores en el sentido de que habían respaldado iniciativas como Familias en Acción, la Ley de Víctimas, etc., sin ubicarse en explicar su responsabilidad en lo fundamental, es decir, en el engendro de Reforma a la Justicia, que por fortuna fue abortada. Las inconsistencias jurídicas sobre las competencias del Presidente para objetar actos legislativos de reforma a la Constitución y de citar a reuniones extraordinarias del Congreso como en el caso sucedido, queda en manos de las entidades pertinentes y en expertos del Derecho. Nadie discute que la Nación vive una tremenda crisis de legitimidad.
Reforma muy costosa para el Gobierno, la popularidad del Presidente bajó de manera sustancial. Para el Congreso también. Este no es el chivo expiatorio de la crisis-como ha querido posar pues carga mucha responsabilidad por el estado de cosas. Con el archivo de la reforma, todo no puede quedar como si nada. Hay que buscar mecanismos que permitan la modernización del régimen y sistema político colombiano. Ello, por ejemplo, llevaría a discutir la manera como ha venido funcionando la separación de poderes, la conveniencia o no de hacer dejación del sistema presidencial al parlamentario y la revocatoria del Congreso.
Presenciamos en televisión por varias horas las intervenciones de varios congresistas en las pasadas sesiones extraordinarias. Las culpas se las endilgaron al Ejecutivo y a los medios de comunicación. Algunos arremetieron cínicamente contra los medios y las columnas de prensa por sentirse estigmatizados; como si no hubieran hecho ‘méritos’ los congresistas en su propio desprestigio.
El país entero clama por una revocatoria y por un nuevo Congreso. Difícil en atención a la cultura política colombiana. El pueblo requiere un alto grado de madurez política e intelectual que le permita asumir con conciencia la gran responsabilidad de no reelegir a los mismos. El pueblo tiene que aprender a elegir y no simplemente votar.
Colombia requiere un nuevo Congreso, conformado por personas honestas, estudiosas y con lucidez moral e intelectual a la hora de las grandes decisiones. En el seno del Congreso es donde más se cocinan los delitos contra la administración pública. La depuración de la política debe comenzar por revocar el Congreso. Sin generalizar, es justo reconocer que hay algunos congresistas comprometidos con el país.
El analista político, León Valencia, ha enfatizado que “El país no puede permitir que mediante la instauración de nuevas instancias y la redefinición de las etapas del proceso a los parlamentarios se escamotee la campaña de limpieza a la política. La reacción de los medios de comunicación y los columnistas de opinión, la expresión de los ciudadanos a través de las redes sociales, han logrado que el presidente Santos devuelva con objeciones al Congreso la reforma y le han dado un aire a la Corte Constitucional para que asuma el control del acto legislativo. No basta con ello. Es necesario mantener la idea de un referendo revocatorio hasta que esté claro que las pretensiones del Congreso han sido derrotadas”.

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