domingo, 24 de febrero de 2013

La realidad que no tiene administración municipal.


Phánor Terán, desde Tunía patrimonio cultural del municipio de Piendamó.

Más de la mitad de las fincas cafeteras del primer productor de café en el Cauca, o sea, del Municipio de Piendamó, son fincas cafeteras de menos de una hectárea. Siendo, como dicen, que cuatro hectáreas es el mínimo rentable para sobreaguar la vida, no se necesita ser genio para saber y para percatarse de la realidad de nuestros campesinos. De la etnia que sean.

Equivale a decir que las familias campesinas para poder asegurar algo del sustento cotidiano, para medio sobrellevar la existencia deben emplearse, por fuera de su finca o propiedad como jornaleros agrícolas de las fincas rentables, o migrando a dónde toque porque la necesidad tiene cara de perro. Entre lo que debe pagar por transporte y alimentación si es que alguna diabla no se atraviesa en el camino, lo que puede llevar un jornalero a su casa es poco diciente y halagüeño.

Lo que significa también que las mujeres, tanto la esposa como las hijas en edad de merecer deben a su vez, realizar otras labores para completar los ingresos familiares y someterse a no pocos vejámenes y comer calladas las afrentas so pena de no lograr el pan para la casa.

Y no está por demás decir, que en tales circunstancias, la vejez de los mayores que en las monsergas de la propaganda oficial deberían estar en la edad dorada no la ven por el forro porque deben desempeñar labores difíciles en la finca y someterse a la precariedad que escondemos en nuestra hipócrita ilusión de vivir.

Y, no está demás decir, que los menores, deben cuando no trabajar fuera de casa, atender diversas actividades en la propia, no pudiendo cumplir con las carretas del no trabajo infantil, o simplemente de no poder asistir a educarse y aprender que Bolívar nació en Caracas en un potrero lleno de vacas, las unas gordas, las otras flacas y las demás llenas de garrapatas. Triste realidad que desmiente a boca llena los comerciales bien pagados sobre los tales derechos de la niñez.

Otro tanto, sucede con las familias que se ocupan de los cultivos de flores, con las que se ocupan con los cultivos de tomate o con la producción panelera.

Realidad por supuesto que no viven, los burócratas y sanguijuelas empotrados en la famosa Federación.

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