sábado, 4 de agosto de 2012



Disquisiciones sobre libido y lívido

Por Jairo Cala Otero

A muchos lectores de mis boletines idiomáticos les produjo una especie de lividez la aparición de la palabra libido (sin tilde), en una de mis entregas habituales por correo. Reaccionaron de diversas formas, y no se aguantaron las ganas de venirse como una tromba, por el correo ─menos mal que fue por ahí, apenas─ para cuestionar por qué yo digo y sostengo que tal palabra se escribe sin tilde.

Con un argumento coincidente varias personas dudaron de la ortografía de libido, y hasta me ilustraron sobre la calidad de sus profesores de Español. Según afirmaron, ellos ─los profesores─ les enseñaron que «libido es una palabra esdrújula, y, en consecuencia, siempre lleva tilde».

Para no tener que contestarle a cada uno (antes de que sean decenas los reclamantes) me tomo licencia, cariño, paciencia y ¡un gustazo! para aclarar ese errado concepto.

La palabra libido NO ES esdrújula, nunca lo ha sido, como muchos están creyendo. Es grave o llana. Por ende, su acentuación recae en la penúltima sílaba, o segunda sílaba de izquierda a derecha (lido). Pero no lleva tilde, porque termina en vocal. Es preciso recordar la norma ortográfica: toda palabra grave que termine en vocal, ene (n) o ese (s) no lleva tilde. También recordemos que hay palabras graves que sí necesitan tilde: las que no terminen en vocal, o que terminen en consonantes distintas a ene (n) o ese (s): lápiz, árbol, ángel, cáncer, azúcar, Pérez, Ramírez, Benítez...

Pero para que muchos no se queden con la duda, ni crean que tal norma es una ocurrencia mía, o una imposición para contrariar a mis lectores, debo ser claro en señalar que es la norma ortográfica del idioma la que así lo dispone. ¡Lejos de mí herejía alguna en materia idiomática!

Lo que sucede es que a la palabra libido muchos la confunden con su homófona lívido, que sí es esdrújula y lleva tilde, como todas las esdrújulas. Pero tal vocablo no significa lo mismo que libido.

Despejo, pues, la duda basándome en lo que preceptúa el Diccionario de la Real Academia Española, faro de nuestro idioma, sobre las dos palabras:

‘Libido. (Del latín libīdo). Femenino. Medicina y Psicología. Deseo sexual, considerado por algunos autores como impulso y raíz de las más varias manifestaciones de la actividad psíquica.

¡Lívido, da. (Del latín livĭdus). 1. Adjetivo. Amoratado. 2. Adjetivo. Intensamente pálido.

Como se nota, la libido tiene que ver con el arte amatorio, o de copular; y la lívido, con la palidez del cuerpo humano.

Yo, finalmente, aspiro a que, como ha ocurrido cuando he hecho esta explicación en mis talleres de redacción y ortografía, muchos no lleguen a una ejercitación de la libido hasta quedar lívidos; ni que se queden pensando en cómo alborotar su libido, aunque sea con algún compañero lívido que se les atraviese en el camino.

Aunque si después de desfogar la libido sus rostros se tornan lívidos, ¡les cabe una felicitación! Porque, amén de experimentar el deleite de ese ejercicio espiritual que se hace entre dos cuerpos, habrán captado muy bien la diferencia entre libido y lívido.

¡Hasta pronto!

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Preguntan los lectores

Padres e hijos, pero calcio y hierro

John Alfonso, dice: Como siempre, muchas gracias por esas ilustraciones sobre el lenguaje. Esta vez acudo a usted por dos dudas:

1. ¿Cómo debe decirse: «un área» o «una área»? ¿Se aplican las mismas normas de los cardinales precedidos por un femenino que empieza con a, como en «primera arma»?

2. ¿Por qué sí se dice padres e hijos, pero no se puede decir calcio e hierro? ¿Qué regla se aplica en estos casos de palabras iniciadas con h y precedidas de la conjunción y.

Respuestas

1. Cuando la palabra comienza con a tónica (acentuada) se acompaña con el artículo el (en este caso, es una forma del artículo femenino la). El artículo indefinido una se apocopa delante de las palabras que comienzan con a tónica: un área, no una área. Si se interpone otra palabra, sí es correcto una, como en «una misma área».

En cambio, los demostrativos esta y esa no sufren variación: esta área, esa área.

La misma situación se produce con la palabra arma.

2. La conjunción y se convierte en e antes de palabras que comienzan con i o con hi. Ejemplos: padres e hijos, inhabilidad e incompatibilidad.

Se excluyen los casos en que la i inicial forma parte de un diptongo. Ejemplo: cobre y hierro.

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¿Impasse, o impase?

Carlos Felipe Reyes Contreras, señala: He encontrado varios textos con la palabra impase para referirse a situaciones molestas o desagradables. Sin embargo, he buscado en diccionarios y no la encuentro. En las ayudas que encuentro por Internet me remiten a impasse.

¿No es válido el uso de esta palabra en español?

Gracias.

Respuesta

Sí, efectivamente, Carlos Felipe. En el Diccionario de la RAE no aparece el vocablo porque es de origen francés. Pero sé que esa voz francesa se escribe impasse y significa 'situación de difícil o imposible resolución, o en la que no se produce ningún avance’. Su uso es innecesario en español, por existir las expresiones «callejón sin salida» y «punto muerto», de sentido equivalente.

Ejemplos: «Las posibilidades para encontrar una solución favorable podrían llegar a un callejón sin salida». (Siglo - periódico de Guatemala); «Francia es responsable del punto muerto en las negociaciones». (El País - España).

A veces se utiliza erróneamente con el sentido de «compás de espera», expresión que significa, simplemente, ‘detención temporal de un asunto’.

Conclusión: las autoridades lingüísticas desaconsejan el uso de la palabra francesa 'impasse'.

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