miércoles, 26 de septiembre de 2012

Trozos de peatón


FABIO ARÉVALO ROSERO MD

La gente pasa cada vez más tiempo frente a los televisores mirando siempre lo mismo con una oferta frívola y enfermiza. Un atentado contra la inteligencia humana que hace seres sedentarios y mediocres. La gente prefiere alejarse de un rol de viandante, dado que no existen garantías fundamentales para un desplazamiento digno. La escasa seguridad, por ejemplo, no permite tantas veces que trayectos cortos sean hechos con la libertad del caminante. La mayoría no saben que el ciudadano de a pie aleja de su vida al médico y al psiquiatra por algunos años más que los precarios andantes, lo cual conlleva enormes beneficios para el bienestar, el bolsillo y para el alma.

Los políticos y dirigentes no son conscientes que de seguir con esos modelos de ciudad pronto habrá más cementerios que electores. Les cuesta aun trabajo aceptar que la esencia de una sociedad es el viandante y que requiere las mejores garantías que solo se ven en ciudades posmodernas. Pero es aquel ser que camina por gusto, por compromiso de vida, no por necesidad irremediable, caso en el cual deja de ser peatón para convertirse en un “pelagatos” sin automóvil en una sociedad arribista, o lo que es peor, en un paria sin dinero ni para un pasaje de bus.

Para una ciudad anatómica y digna, hecha a la medida de la gente, de su majestad el peatón se requieren unas condiciones mínimas. Los peatones queremos cruzarnos sin tener que ponernos de perfil, queremos caminar de la mano de nuestros niños, llevar bultos sin miedo a tropezar con otros y pararnos a hablar con un amigo sin ser obstáculo para nadie. Todo eso requiere más espacio que el estricto para la circulación mecánica de unos elementos llamados personas.

Las calles no son solo para caminar, son lugar de encuentro y relación y, por tanto requieren anchuras atractivas. El espacio mínimo requerido para el cruce de dos parejas de peatones ronda los tres metros, solo por mencionar andenes. Pero en nuestras ciudades ¿hasta dónde se cumple este parámetro básico? Y mucho menos otras condiciones dignas como la señalización, el mobiliario, el arbolado, la iluminación, la supresión de barreras arquitectónicas, la seguridad, etc. Sin menoscabo de las generosas calzadas peatonales en áreas medulares y centrales.

Y según la biblia, Dios creó al peatón y el hombre al carro. Y según Borges apareció el chofer “Homo brutus” que odia al “Homo sapiens” ese ser peatón, que perece hecho pobre en una bocacalle, en una gran avenida, donde hoy ya solo quedan sus trozos.

En este video puede verse el efecto transformador de una ciudad holandesa posmoderna cuando se prioriza al ser humano en el espacio público. Cerró el sector histórico al tráfico motorizado:




Un gesto que enaltece

Me ha sorprendido gratamente la manifestación pública hecha por el escritor y líder de opinión Marco Antonio Valencia Calle, al postular al suscrito al Premio Nacional de Paz. Gesto generoso de alto valor de una lúcida persona. Más que hacer parte de una competencia por un premio, es esencial aportar en un proceso que requiere transformación social. Las bases de la paz están en la justicia social, en la atención digna a los sectores más vulnerables, en la frontal guerra a la miseria y en una gigante inversión educativa. Pero igualmente en una actitud distinta como personas donde la convivencia debe basarse en valores como la generosidad, la tolerancia, la solidaridad, el amor, el afecto y la ternura.

A Marco Valencia y a todas las personalidades que desde distintas latitudes del planeta han hecho sus pronunciamientos de respaldo, mis sentimientos de gratitud, pero más aun mi compromiso irrestricto con la pacificación de los espíritus y por calmar males urbanos.

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