miércoles, 26 de diciembre de 2012



EL TREN POR ENTRE LAS MONTAÑAS


Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Loco-mbiano

Mucho tiempo había esperado esta noticia para Locombia. Tantas bellezas se hablan de ella y tantos fracasos se cuentan… Pero, al fin, al hallar el enlace de El Espectador, saltó la liebre por entre las montañas, los ríos y la imaginación. ¿Cómo no alegrarse uno de que las dificultades y los peros tengan siempre una solución? El hombre, terco, ingenioso, puede vencer y entrar a la caverna de Alí Babá, disimulada y cerrada por una inmensa roca para gozar del tesoro.

Lo que parece una amenaza, por arte de la tecnología, la técnica y la industria del hombre, se convierte en una oportunidad. Hacer lo obvio, contentarse con lo fácil, echarse a dormir porque las cosas son difíciles ya hoy no es explicable. Cada vez que amanece un año, países pobres que fueron, se convierten en tigres, como los asiáticos. Y nosotros tenemos que ponernos a vender lo que ellos producen y nos quedamos en la pobreza industrial por no estudiar y no prepararnos.

Las noticias del progreso en vías de comunicación y tecnología en China, que en los tiempos de Chiang Kai Shek y de Mao eran de imágenes de hombres y mujeres dobladores de telas y vestían todos uniformados con gorra y overol, ya han cambiado. La Revolución en Marcha tuvo sus polémicas, pero hoy se ven los frutos. No fueron en vano la disciplina, la austeridad y ajustarse el cinturón por varios quinquenios. Hoy la república más extensa del mundo luce en la moda, en la tecnología y llena al mundo con la emoción de esos dragones que han cambiado su cara y su lengua de fuego por su tren de la misma velocidad de una bala.

Su geografía no es plana, las distancias son enormes y sus gentes necesitan un transporte masivo eficiente, acomodado a su terreno y a sus necesidades. También mostrar los resultados de su modelo de trabajo y de tecnología es hacer política internacional. La dificultad de la fisonomía de su extenso mapa no fue obstáculo para que sus ingenieros diseñaran el moderno y casi supersónico tren que en ocho horas recorre la distancia, 2.298 kilómetros, que un avión demora las mismas, o más horas todavía, de Pekín a Canton, polo económico del sur.

Para lograr tal hazaña de construcción de las líneas férreas la tecnología china venció montañas rocosas, abismos y no reparó en horadar cordilleras para túneles, elevar puentes y tender rieles para que el coloso tren volara con la velocidad de un Ruiseñor de Oriente.

Aquí en Colombia de Cali a Bogotá un avión traslada a un pasajero en cuatro horas en un trayecto de 283 kilómetros. Una hora y media para trasladarse y esperar en sala en el Bonilla Aragón, una hora y media de carreteo y vuelo y otra hora para esperar las valijas en El Dorado y trasladarse luego al centro de la ciudad.

Estos trenes rápidos, como el AVE en Europa, salen en punto a la hora señalada del centro de la ciudad, no sufre el pasajero del vértigo por las turbulencias y lo dejan también con sus valijas en el centro de la ciudad de destino. Los precios de ambas modalidades son muy comparables, -tal vez más bajos, 85-97 euros, los tiquetes del tren- para este mismo trayecto.

El último tramo que acaban de inaugurar los chinos el sábado pasado es casi el final de un ambicioso proyecto que empezó solo hace cuatro años, une a siete grandes ciudades y desde ellas enlaza a todo el país con más 600 millones de habitantes.

¿Será que en Locombia tendremos en cuatro años las comodidades, la eficiencia y ahorro de tiempo y dinero con transporte ferroviario rápido, sin excusas, si empezamos ahora mismo?

26-12-12                        1:03 p.m.

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